En la primera selección de racimos buscamos dejar sólo la cantidad justa de uva en cada cepa para que la planta pueda llevar a cabo una maduración óptima. Si las cepas están muy cargadas de fruta tiene que repartir su esfuerzo en cada uno de los racimos y, por tanto, no puede dedicarles a todos la "atención" que nosotros exigimos en bodega. O sea, a más cantidad de uva, menor calidad de ésta.
A partir del envero (oscurecimiento de los granos de uva) realizamos un seguimiento de la maduración y volvemos a descartar aquellos racimos que van retrasados respecto al conjunto. En esta tarea estamos ahora concentrados.
La decisión final de vendimiar o no hacerlo, va a depender de que la uva llegue al grado óptimo de madurez. Ya en otras ocasiones (año 2009) hemos decidido rechazar toda la producción y volveremos a hacerlo siempre que no consigamos los estándares de calidad que la bodega exige a la viña.
¡Así que crucemos los dedos para que este año consigamos una buena cosecha!. Una cosecha de calidad regular nunca va a afectar a nuestros consumidores simplemente porque no dejaremos que llegue a sus copas.
